¿QUO VADIS?
(1.993)

Por Miguel R. Ghezzi (LU 6ETJ)
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SOLVEGJ Comunicaciones
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PROLOGO

   Como muchos de Uds. saben he derramado unos cuantos bytes respecto de los reglamentos que enmarcan y enmarcarían nuestra actividad. Si bien el objetivo principal ha sido convencer a quienes nos representan de que establezcan mecanismos de consulta con los destinatarios de los mismos para otorgarles alguna legitimidad, no han estado ellos exentas de algunas consideraciones de carácter filosófico.

   Tal vez sea válido detenerse a considerar cuál sea el bosque que se halla detrás de este árbol y reformular las omnitemporales preguntas: ¿De dónde venimos?, ¿hacia dónde vamos?.
Revisar nuestra actividad desde la perspectiva que nos introduce no ya en una nueva década, sino en un nuevo milenio que reclama principios nuevos, más coherentes y profundos.

   Intentaré en este trabajo, encarar un análisis amplio y general que ayude a formularse preguntas y encarar las respuestas de cara al futuro, con un enfoque humanista, no represivo y a la vez crítico.
   No pretende ser breve, entretenido o placentero de leer. Si el lector busca una fuente de esparcimiento será preferible que abandone la lectura en este punto para que me dispense de la responsabilidad de su aburrimiento...
   Pretendo, si, abordar un tema arduo que a menudo requerirá del lector una buena dosis de paciencia para con mis propias deficiencias.
  Tampoco resultará provechosa una lectura superficial pues es probable que poco o nada pueda concluirse de ella.

   Si alguno afirmara que le resultó extenso, cansador y tedioso, lo comprendería pero, al menos sabrá que para mi ha sido más de todas esas cosas. Puede servir de consuelo...

   Finalmente, si bien he echado mano a toda mi honestidad intelectual en su desarrollo, no solo no niego, sino que afirmo que él representa mis convicciones y por ellas se halla impregnado porque creo firmemente que "la objetividad es una propiedad de los objetos..."

 INTRODUCCION

   Somos lo que somos, pero lo que somos deviene de lo que hemos sido en el pasado y, aunque sea una verdad de Perogrullo, no está demás tenerla presente, como tampoco está demás abrir los ojos al hecho de que lo que hoy seamos determinará lo que en el futuro habremos de ser.
Este "Aquí y Ahora", puede explicarse echando una ojeada a nuestra particular historia, pero porqué es el que es y no otro, es una pregunta que vale la pena formularse.

   Como en los demás órdenes de la vida los usos y costumbres tienen una explicación y, como es habitual también, esa explicación es siempre "a posteriori". Cualquier biólogo podrá reconstruir la cadena causal que conduce de los peces a los reptiles y de estos a los pájaros, pero ¿quién podría haber previsto la aparición de un águila observando un pez primitivo?.
   Lo cierto es que, en general, no percibimos muy claramente "porqué hacemos lo que hacemos". Tal vez la mayor parte de los actos de nuestra vida se incluye en esa categoría: Nos vestimos de esta manera o de aquella otra. Nos alimentamos a ciertas horas. Efectuamos ciertos rituales cuando alguien nace y otros cuando alguien muere. Raras veces nos cuestionamos Porqué y Para qué. Simplemente así lo hacemos y no seré yo quien diga que está mal, pues no puedo imaginar un mundo en que a cada paso hubiera que detenerse para meditar el siguiente. En tal caso es probable que no avancemos nunca más allá de algunos metros y en el peor de los casos, nuestros pies se enredarían y caeríamos irremediablemente al suelo.

   Sin embargo el mundo cambia y, demasiado a menudo, esos cambios no son queridos sino impuestos por las circunstancias. La aparente libertad de elección que creemos gozar no pasa de ser, la mayoría de la veces, más que una simple apariencia:

"Cuando el costo del heno para alimentar a los caballos se hizo más alto que el carbón para alimentar a una máquina de vapor entonces, y solo entonces, se inició la era de la locomotora de vapor" (1).

   Recién hoy cuando los ríos y la atmósfera están envenenados la ecología y el respeto a la naturaleza comienza a ser un tema de preocupación para las gentes. Así sucesivamente.

   Sería falso y pesimista afirmar que la miopía es inmanente a nuestra especie, es frecuente que muchos se anticipen a los acontecimientos y planteen caminos diferentes. Frecuentemente sucede que no son escuchados o que sus voces quedan ahogadas en el estruendo que produce lo superficial y vacío o lo interesado y venal.
   A veces esta capacidad obedece a una intuición para adelantarse a los hechos pero también, reiteradamente, surge de certidumbres nacidas de otras raíces cuyas razones son las del intelecto y el sentimiento.

   ¿Porqué sino, existen desde cientos y aún miles de años pensamientos que hacen especial hincapié en el respeto por la vida de "todo lo que vive", filosofías que formularon la necesidad de vivir en "armonía con la naturaleza" aunque sus fundadores no tuvieran idea de conceptos tales como: "desperdicios nucleares", "agujeros de ozono" o "efecto invernadero".

   De allí puede colegirse que dentro de las capacidades humanas si está la de establecer formas adecuadas de existencia y de relación que no sean meras respuestas a los acaeceres circunstanciales, que nada impide imaginar varios mundos posibles, elegir uno de ellos y bregar por su establecimiento con energía y pasión.

   Todas estas consideraciones tienen que ver con nuestra actividad, porque somos hombres y por esa razón "nada humano nos es ajeno". Más que una noción escolástica llamada "radioaficionado" (que no debería ser un sustantivo sino tan solo un adjetivo), somos hombres de carne y hueso. Hombres que nacemos y que morimos, que lloramos y reímos, que amamos y odiamos, que al igual que todos los otros hombres buscamos espacios para ser felices tanto como tememos al dolor y la desgracia, y algo más: que soñamos. ESO SOMOS ANTE TODO, y desde esa perspectiva corresponde ver y estudiar este pequeño universo que nos agrupa...

UN POCO DE HISTORIA

   Existía una época en que todo, o casi todo, se hallaba al alcance del hombre, del hombre como individuo, de alguien como Ud. o yo, aunque me estoy refiriendo a cierta clase de cosas emparentadas con la ciencia y con los inventos. Una "Edad Dorada" cuya matriz podría situarse en el renacimiento. Una época de nombres propios, o mejor dicho de "Nombres y Apellidos": Galileo Galilei, Isaac Newton, Benjamín Franklin, Guillermo Marconi, James Watt, Alexander Popov. Nicola Tesla. Henry Ford, etc, etc.
   Todos ellos se nos aparecen ya como nombres legendarios. Si es así, es tan solo porque la velocidad de nuestra época le imprime a la memoria una peculiar distorsión: La mitad han sido contemporáneos de nuestros abuelos...

   No son “nombres pequeños", sino los nombres de quienes influyeron en la historia de la ciencia y las invenciones a nivel global. Casi todos ellos trabajaban en sus cosas solitariamente o con el auxilio (seguramente limitado) de sus allegados más entusiastas, no obstante sus creaciones fueron considerables y provechosas, a pesar de la limitada disponibilidad de recursos con que solían contar.

   Ya más cerca del siglo XX comenzó a coexistir con estos hombres otro grupo (no menos especial) siendo frecuente que alguno del primero revistara en las filas del segundo y viceversa. Personas que, sin llegar a dedicar su vida a esas ocupaciones, que sin destacarse por su visión o genialidad, pero con un entusiasmo y curiosidad que mueve a la simpatía, se abocaban a poner en práctica esos conocimientos para su propia satisfacción, recreación o solaz. Aprendices de brujos que no vacilaban en probar la fórmula de la Nitroglicerina en un fuentón o sensibilizar al Bromuro un papel secante con vistas a obtener una fotografía elemental. No faltaría quien se matara en un frustrado intento por imitar a los pájaros, ni quien pasara a la historia construyendo el primer aeroplano en un taller casero.

   Fueron los pioneros, los conquistadores de tierras extrañas e inexploradas. Colonos de un mundo que esperaba ser descubierto y abría sus brazos hasta a los más chambones.

   Nuestra radioafición nace en aquella época, arrullada por Carlos Gardel, pero también por el rugido del fascismo en Europa. Nace en un mundo de nombres propios, pero en que millones de "nombres propios" habían ido a parar a una fosa común en la recién apagada hoguera mundial. Nace en una época seria y formalista por un lado, pero bautizada "los años locos", no porque sí.

   Creció en un mundo cuyos excedentes productivos ya permitían obtener partes y piezas que hacían posible construir desde un trasmisor, hasta un automóvil de carreras; y los hombres supieron aprovechar de esta ventaja. Una época más provinciana que hasta dejaba tiempo para el Café o la Sociedad de Fomento, para revelar unas fotografías en el cuarto oscuro o armar un receptor en el "tallercito" mientras la Señora cocinaba, la abuela tejía y los chicos iban a la escuela estatal.

   Claro que mientras tanto otra guerra mundial vaciaba de risas miles de hogares y millones de judíos (y católicos y comunistas y, etc.) sucumbían en la tecnológica exterminación hitleriana bien aceitada con "Zyklon B" . Un tiempo en que "Bomba atómica" pasaría de ser una palabra técnica, a un agorero y previsible futuro. Un tiempo en que el estalinismo emparedaría a un tercio del mundo mientras el macartismo convertiría a la libertad en una broma, en el otro tercio.  (ver nota al final).

   Una época fascinante y encantadora, por un lado, pero terrible y salvaje por otro. Esa época, como todas las épocas, signarían los hábitos, las costumbres, los pensamientos, la moral, el sentido de la vida, los sueños y esperanzas, así como los miedos y los prejuicios de quienes les tocó transitarla. Lo que esos hombres hagan, lo que consideren bueno, lo que consideren malo, lo que entiendan que es "el deber ser" de las cosas y las conductas, todo, en suma, está atado con lazos de sangre a su propio sino y, como todos los hombres, de todos los tiempos, los considerarán "valores eternos".  

   Con todo, los objetos tenían una dimensión humana. Allí estaban, era todo cuestión de desarmarlos "para-ver-que-tiene-adentro". Tiempos que se prolongaron hasta el atardecer del siglo, de cuyo nacimiento son testigos presenciales algunos de esos veteranos que se escuchan en 40 m y que bien vale la pena aprovechar antes de que nos dejen definitivamente solos. A ellos le sucedió una generación intermedia que bebió de esa fuente lo suficiente para quedar definitivamente empapada y enamorada de sus aguas, que vio brillar los filamentos, pero que también los vio apagarse. Muchos entre nosotros pertenecemos a ella, atrapados entre el pasado y el futuro sin atinar a decidir "cuál tiempo es el mejor" en tanto esos recuerdos se entremezclan en un ensueño que reúne al barrilete, al cafetín, a los Perez García, a Radio Colonia trayendo los ecos de "otra revolución" o a un patio con malvones donde un tango giraba a "78" en una vieja "vitrola" y a veces, quizás, en un "Wincofón"...

   ¿Que esa época ya murió?. ¡Que va!. ¿Cómo ha de morir aquello que conserva la memoria y atesora el corazón?.  

   Hoy ya no se habla de "Nombres y Apellidos", sino de "marcas", a veces trastocadas por mutaciones genéticas tan inverosímiles como para convertir un apellido en una corporación: Mitsubishi, Mercedes Benz, Ford (no Henry Ford, Ford a secas)...

   Tan simple "detalle" es suficiente para mostrar que el eje se ha desplazado hacia otra parte; para bien o para mal, para su gusto o disgusto, y con él se han desplazado los hombres reales y sus intereses. Allí donde estaba la "Canchita", hoy se erige un "shopping center". En el viejo café con Gallego y Estaño, una sala de "videogames".

En aquel Cine Continuado (con número vivo, por supuesto), ¡un garage!.

El patio es ahora el pulmón de ventilación del edificio y los malvones fueron sustituidos por los desperdicios que arroja la señora del 10° "B". Aunque la radio no cedió, fijesé; simplemente cambió a "Los Perez García" por los "Top Hits 93's", adaptación que le dicen...

   Y así, sin darnos cuenta, atareados y abrumados por la "liberación", la "represión", la "inflación", la "desregulación" y la "xxx-ción" nos descubrimos en la década del '90 y esta década es distinta de las demás décadas como es distinta la rosa de Antoine de Saint Exupéry de sus hermanas:

    Hitler es un mal recuerdo en blanco y negro, "La Bomba" una pesadilla de la que acabamos de despertar. Stalin y el senador Mc Carty blanquean sus huesos en algún apacible cementerio para que otros puedan descansar en paz. Y, aunque seguimos amando a Gardel o a la Piaf, es en el "Compact Player" que nuestros hijos adquirieron para escuchar a los Gun's & Roses. Ya hace 25 años que Armstrong afirmó un pie en la Luna y más de diez que el último y venerable "Hartley" que excitaba a un simétrico push pull de 807 se integró con el cinturón ecológico, reemplazado por un joven handie sintetizado y de material plástico.

  Tenemos temores que son diferentes de los de nuestros padres, porque los peligros (reales o imaginarios) también los son, tenemos espectativas que ellos apenas alcanzan a comprender y tenemos responsabilidades que no podemos rehusar como la del desafío que representa esta "aldea global" que impone el satélite o la telefonía celular y que implora el encuentro de nuevas formas de relación que restablezcan el equilibrio con la naturaleza y los demás hombres en una visión holística e integral. Y en verdad que la rapidez de los acontecimientos deja poco margen para los errores o las negligencias. Hoy, nos preguntamos cuál será la ética y la moral de nuestros hijos...

LA RADIOAFICION ESPECIFICAMENTE HABLANDO

   En el pasado casi reciente, el rol del radioaficionado en la sociedad era perfectamente claro: proveía a la sociedad de una fuente de comunicaciones alternativa y en muchas circunstancias la única en un territorio vasto y poco poblado, necesidades que iban desde el aviso de un fallecimiento hasta la provisión de enlaces de emergencia cuando una catástrofe natural hacía sentir su rigor. También como un medio de adquisición de conocimientos técnicos necesarios para un país en plena (e hipotética) expansión.

   Nuestra historia está repleta de anécdotas como lo están la aeronáutica o la navegación. Si bien no ha tenido nombres de la trascendencia de un Newbery o un Dumas, no por ello puede negarse la participación en episodios provistos de innegables aspectos heroicos. Actividades y aventuras reservadas a quienes tienen la suerte, el honor ¡y el trabajo! de ser los pioneros.

   Pero el progreso tenía, tarde o temprano que reservar esa época a los libros de historia, a los museos y a los recuerdos, tal como sucediera con los fortines de la lucha contra el indio y el desierto que ilustrara Don José Hernandez y que existieron ¡apenas cincuenta años antes que el primer radioaficionado irradiara un CQ a los cuatro vientos...!

   Así como las duras reglas del gauchaje y el milico de frontera habían de ser reemplazadas por formas más cultas y civilizadas, acordes con la locomotora de vapor y el automóvil, nuestro caro hobby no podía permanecer aislado en una isla atemporal. Poco a poco, la telegrafía era sustituida por la modulación de amplitud y esta, a su vez, por "los patos" que más de un dolor de cabeza producían a los viejos (y no tan viejos) aficionados del "novelero con conversor" y la 807 modulada a reactor.

   El cable coaxil primero, los enlaces de microondas luego y finalmente los satélites geeosincrónicos debían necesariamente relegar nuestros equipos a una función secundaria, pues ninguna sociedad se resigna a depender de tan endeble seguridad para su supervivencia o sus negocios. Sin casi darnos cuenta, nuestra utilidad efectiva fue convirtiéndose en un hecho folklórico, tesis avalada por el inocuo martirologio y posterior desaparición de la mismísima "Red de Emergencia Nacional de Radioaficionados", cara a muchos de nuestros corazones.

   Queda por ver si aquella fuente valiosa de conocimientos técnicos para un país que soñaba con incorporarse al mundo industrializado (o creía pertenecer a él), mantiene su vigencia. Sostengo que no. Actualmente el país se halla, de hecho, fuera del mundo creador de tecnología y la "experimentación y aprendizaje" es de una naturaleza tan superficial que está incapacitada para hacer aportes serios a la sociedad.
No estoy afirmando que sea inútil ni indeseable, por el contrario insinúo que TODA fuente de experiencia vital es ventajosa para quienes la practican, lo que si estoy diciendo  es que no cumple roles de importantes en el desarrollo científico, ni tecnológico ni industrial y, aunque era de esperar que surgieran de nuestro seno nuevos descubrimientos o maravillosos inventos, ellos jamás vieron la luz más que en nuestra propia y legítima ensoñación, porque, reconozcámoslo, la tecnología de la radio hace tiempo que superó al aficionado medio, con sus microcircuitos, con sus lazos de enganche de fase triplemente realimentados y sus enigmáticos microprocesadores...

   La vida continúa con su curso inexorable y prosigue en busca de su propio destino. Debemos tener el coraje de reconocernos a nosotros mismos como lo que realmente somos: un teléfono de magneto y bocina que lucha desesperadamente por no perder el lugar que le reclama, con justicia, un minúsculo artefacto digital, comercial y celular.

   Zaratustra bajó feliz de la montaña para llevar su noticia a los hombres, pero a mi, estimado lector, no me place decirle que aquella radioafición ha muerto y que hoy no sabemos que hacer con tan extraño cadáver. Porque ni soy Nietszche ni soy capaz de enterrar a mis propios dioses.  

   Por eso conviene reflexionar sobre el modo en que se presentan los cambios y cómo preservar lo valuable de las formas antiguas, dando cabida a las nuevas, de manera prudente e inteligente, porque es sabido que cuando las viejas formas de relación se convierten en obsoletas, la presión por su sustitución va en continuo e incesante aumento. Corresponde a los hombres sabios reconvertirlas de la manera menos traumática posible.

La Revolución Francesa obtuvo su modo republicano y democrático con las cabezas de su nobleza rodando al pie de la guillotina, en contrapartida y hasta hoy, Inglaterra conserva a los reyes y toda su nobleza con sus títulos intactos, conformando también una democracia parlamentaria. Toda vez que una especie en la naturaleza resulta incapaz para establecer las adaptaciones necesarias, sucumbe inexorablemente y toda vez que una costumbre se interpone en el avance de los pueblos, estos simplemente la descartan, más tarde o más temprano, con violencia o sin violencia, pero con la misma seguridad con que el día sucede a la noche.

   Pero no es extraño encontrar en la historia de las instituciones ejemplos de una supervivencia que excede el marco de su necesidad real, tal como el ejemplo del reinado en Inglaterra; cuánto más probable si esa supervivencia queda justificada por nuevos y actualizados servicios a la comunidad que le da el sustento moral y material.

Cito textualmente un párrafo del libro "Podrá sobrevivir el hombre" de Erich Fromm:

   "Y aquí surge un segundo interrogante: ¿qué es lo que hace viable una sociedad, permitiéndoles adecuarse al cambio?. La respuesta no es sencilla, pero es claro que, por sobre todo, la sociedad debe ser capaz de discriminar sus valores primarios de sus valores e instituciones secundarios. Esto es difícil en razón de que los sistemas secundarios engendran sus valores propios, que llegan a parecer tan esenciales como las necesidades humanas y sociales que le dieron el ser. A medida que las vidas de la gente va entretejiéndose con las instituciones, organizaciones, estilos de vida, formas de producción y de consumo, etcétera, los hombres van adquiriendo la voluntad de sacrificarse a sí mismos y a los otros en homenaje a la obra de sus propias manos, de transformar sus propias creaciones en ídolos y de adorar esos ídolos. Hay algo más: las instituciones generalmente resisten al cambio, y de ahí que los hombres plenamente consagrados a esas instituciones no son libres de anticiparse al cambio. El problema para una sociedad como la de nuestros días consiste, pues, en si los hombres pueden redescubrir los valores humanos y sociales básicos de nuestra civilización y retirar su fidelidad, por no decir su culto, a aquellos valores institucionales (o ideológicos) que se han convertido en obstáculos.

(fin de la cita)

   Si pretendiéramos mantener nuestros privilegios sin una buena razón, no sería extraño que termináramos perdiéndolos. Más aún, si no somos capaces de encontrarle un sentido más profundo a nuestra actividad tampoco sería extraño que terminemos abandonados en la soledad de lo inútil y superfluo, sin mérito ni virtud alguna. Es posible que una situación semejante satisfaga a algunos espíritus mediocres o inmaduros que no aspiran más que a hacer uso de sus juguetes caros en un dilettantismo comprensible, mas no responsable; como si teniendo alas para volar se contentaran con arrastrarse...

   Qué respuesta tendría esta pregunta: ¿quién desea tener a un radioaficionado en su edificio o cuadra?

   Nuestros vecinos tiemblan ante la posibilidad de perderse un partido de fútbol o una novela hipotéticamente interferible por nuestra "importante actividad". ¿Ese es el respeto a que aspiramos?. ¡Bastante a menudo solo la prepotencia de los derechos adquiridos logra torcer las voluntades de los "destinatarios" de nuestros servicios...!

ANTECEDENTES

   En los últimos diez años por dar una cifra parcial, se pueden apreciar cambios cualitativos y cuantitativos de gran significación aunque con tendencias concurrentes.

   Un aumento muy significativo en el número de personas interesadas en ingresar al medio con motivaciones diferentes de las esperadas o "deseables" según la definición tradicional, con inclinación hacia la intercomunicación de carácter predominantemente "social".

   Si bien el componente "mágico" y la sensación de poder (poder en el sentido de "capacidad para") no estuvo jamás ausente de los incentivos para volcar entusiastas a la actividad, la aparición de atractivos dispositivos electrónicos e informáticos a bajo precio despliega un abanico de posibilidades, inédito y sugestivo, que despierta gran interés en personas que, de otro modo, tal vez habrían sido indiferentes a las fórmulas tradicionales. La incorporación de computadores personales, con una cohorte de seguidores propia del componente lúdico de las mismas induce a una nueva fusión de intereses entre dos áreas que, en muchos aspectos, comparten principios y atracciones, como por ejemplo las actividades vinculadas con la comunicación mediante líneas telefónicas (BBS's, bases de datos, redes privadas).

   Un factor decisivo, es la presencia de importantes grupos industriales y comerciales interesados en expandir su base de consumidores que hacen (y harán en el futuro) las naturales campañas de estímulo publicitario de dispositivos cada vez m s fascinantes para el público.

   La lógica propia del sistema económico vigente implica la maximización de ganancias y, de allí se desprende que ambas puntas del ovillo sean útiles al propósito. En otras palabras: producirán insumos para alimentar las expectativas de aquellos inclinados por la técnica en sí y los producirán para quienes la técnica no tenga la menor importancia.

   Desde el mismo punto de vista pueden interpretarse los avances en las ofertas de tecnología "de punta". Las nuevas técnicas derivadas de la comunicación de datos y los satélites artificiales son una fuente de beneficios económicos de ningún modo despreciables, pero el resultado es el mismo: el aficionado compra más aparatos, al mismo tiempo que los desecha aún más rápidamente por su obsolescencia con un elemento en común; Ya no los produce, ni los diseña: SOLO LOS APRENDE A USAR...

   "Hasta los más antiguos radioaficionados, tienden a comprar los equipos y dedicar la mayor parte de su tiempo a la conversación amistosa o a los juegos propios del ambiente..."  

   Tampoco es fácil evaluar ya, si sus motivaciones originales partieron del deseo de servir al prójimo, del interés por aprender, de una disposición básica hacia intercomunicación personal o un mero entretenimiento como elemento fundamental de su decisión original.

   Un análisis más objetivo debería fundarse en una encuesta con poca probabilidad de obtener información relevante pues, como nos informan los sicoanalistas, la imagen que los individuos se forman de si mismos dista muchísimo de su "naturaleza objetiva", por la existencia de obstáculos (resistencias, según Freud) de índole intelectual.

   De todos modos una muestra que Ud. mismo puede realizar denotar inmediatamente que la actividad principal actualmente inclina decididamente la balanza en dirección de la charla del tipo "social" matizada a menudo por consideraciones técnicas de tipo superficial, tales como características generales, precio y prestaciones de los equipos más usuales, así como aspectos de las condiciones de propagación necesarias para el establecimiento de la intercomunicación. Cambiando los nombres de los objetos en cuestión tal conversación no diferiría esencialmente de la que llevan adelante dos vecinos acerca de sus respectivos automóviles y el estado del tránsito y los pavimentos.

   Casi todo lo dicho en el párrafo anterior es aplicable sin ningún cambio a los titulares de licencias relativamente recientes, solo que en este caso es más fácil averiguar de qué manera llegaron a ser radioaficionados y cuáles son sus centros de interés principales. En efecto, una fuente muy importante de nuevas estaciones nace del crecimiento explosivo de la banda ciudadana en todo el mundo. Muchos usuarios que ingresaron a ese sistema por motivos puramente particulares y/o comerciales quedaron atrapados en la fascinante experiencia de interrelacionarse con menos barreras que las impuestas por el "protocolo" doméstico.

   Por afinidad puede mencionarse también a la gran cantidad de nuevos usuarios de sistemas de BLU/VHF comerciales que descubren posibilidades alternativas (Personal de servicios de seguridad y/o policiales, personal administrativo de empresas provistas con equipos de aficionado "liberados", sistemas de BLU con canales compartidos, etc.).

   Resulta obvio que esa "extensión de las cuerdas vocales y el oído" al alcance de la mano, es un elemento "seductor" que las bandas de aficionados brindan desde hace mucho tiempo.

   Otra evidencia de esta suerte de "presión comunicacional" es el florecimiento explosivo de las denominadas "estaciones clandestinas" (antipático nombre que debería aplicarse a cuestiones de mayor gravedad). Estas estaciones operan discrecionalmente en todas las bandas y modos, (y estaría equivocado quien atribuyera este fenómeno exclusivamente a nuestro país).
El que esta manifestación asuma en ocasiones aspectos indeseables no invalida la noción expuesta. La misma marginalidad a la que se ven sometidos los individuos produce gran parte de los efectos indeseados. La marginación alienta el desprecio por las normas de convivencia cuando el sujeto se siente excluido y rechazado en el medio que intenta ocupar, la anonimia no solo permite expresar el rechazo (rebelión) de manera agresiva e inatingente sino que lo realimenta constantemente. Los reglamentos limitan el acceso al espectro por una razón: es un recurso renovable pero limitado y ese es el "efecto deseado", pero cuando los efectos "no deseados" superan a los anteriores es tiempo de revisar los reglamentos como podrá explicar cualquier legista, máxime cuando la autoridad no tiene capacidad para hacerlos cumplir efectivamente, tal como sucede (no solamente en nuestro país, vg. Banda Ciudadana). (ver nota 1).

   Hasta los aspectos más deplorables del fenómeno abonan la hipótesis de la necesidad comunicacional, en efecto, hasta esos individuos que intempestivamente hacen su aparición en una conversación normal para emitir insultos e improperios traslucen una imperiosa necesidad de "ser escuchados", aunque la forma sea patológica, el contenido predominante es la compulsión para obtener atención, ser escuchado a toda costa, obtener una respuesta...

   También es cierto que muchas personas que actúan ilegalmente en en la radio, lo hacen correctamente, llevando adelante charlas que en oportunidades llegan a sobrepasar en calidad a las de los propios "licenciados", por lo general practicadas por personas en vías de obtención de una licencia o miembros del grupo familiar de un "LU", que se resisten a rendir un examen técnico para hablar de "bueyes perdidos".

   No son infrecuentes los casos de titulares de licencia que asumen seudónimos y participan de todo tipo de conversaciones burlando las prohibiciones temáticas que limitan a la radioafición. La distorsión de la voz pone de manifiesto la necesidad de no ser reconocido, tal vez por la posesión de una licencia en regla o la inminencia de su obtención en el futuro inmediato (o la íntima sensación de vergüenza ante la idea de ser reconocido de alguna manera). 

   Vale la pena destacar la simultánea correspondencia con el despliegue (inédito en el país) de pequeñas estaciones de frecuencia modulada de broadcasting, que se desparramaron a lo largo del territorio en el último quinquenio con un grado de aceptación social previsible. Por doquier aparece esa presión comunicacional autoevidente, resultante de dos premisas básicas: Necesidad-Posibilidad Tecnológica (ver nota 1)

   Una discusión instalada desde ya hace varios años demuestra que la misma definición de radioaficionado es permanentemente discutida: la dicotomía "perillero", "constructor de equipos" apunta a la cuestión de fondo, aunque de manera superficial. Discusión interminable en la medida que las partes consideran a su manera de encarar la actividad como "correcta y sana" y a la opuesta dogmática o tonta.

Existen dos tipos de desacuerdos lógicos en una discusión: Desacuerdo en LAS CREENCIAS y desacuerdo en LAS ACTITUDES, los individuos pueden compartir la misma creencias pero tener actitudes opuestas; tener la misma actitud sobre la base de creencias diferentes, o bien no acordar ni con unas ni con otras. Frecuentemente la opinión está tan teñida de los propios sentimientos, que la valoración de los hechos es absolutamente subjetiva. Bertrand Russell señalaba graciosamente la conjugación irregular de los verbos en la cabeza de los litigantes:

  "Yo, soy firme; tu eres obstinado; él es un tonto cabeza dura..."

   Se impone, pues, verificar si todas las premisas de nuestros razonamientos continúan siendo verdaderas, luego de cincuenta años, pues el mundo que se presenta por delante, a la vuelta de la esquina, es tan extraordinariamente variado, complejo y multifacético que el ciudadano medio aún no ha tomado conciencia de los cambios que deberá aceptar en su futuro inmediato. Aunque cotidianamente percibe el rumor de ese inmenso e inminente salto cultural, desvía la vista de él ante la persistente certeza de que le resultará muy difícil adaptarse.

   Cuando se le informa que se ha diseñado un híbrido que contiene genes de un animal y un ser humano, para sintetizar aminoácidos, solo reacciona ante la parte que lo tranquiliza: Una nueva medicina que inventó tal o cual laboratorio, mientras da la espalda imprudentemente al hecho de que tal vez tenga que entender que sus nietos deseen "diseñar" a sus propios descendientes...

   Ese mundo se aproxima con la velocidad de un tren expreso y tendremos que aprender a lidiar con cambios que seguramente nos disgustará aceptar, tanto como al abuelo le disgustaba el cabello largo y los gritos de los Beatles. Se requerirá en el futuro inmediato de una capacidad sin precedentes para evaluar rápida y acertadamente cuáles son los valores esenciales que hay que preservar y cuáles son simples costumbres pueblerinas transigibles. Dar respuesta a todos esos desafíos lleva una vida pero a uno solo de ellos quizás tan solo unas horas de su atención...

ALGUNAS RESPUESTAS POSIBLES

   Se puede apreciar que la radioafición, hoy por hoy, y exceptuando una casuística que señalo como "minoritaria" o "en retroceso" ha cambiado su centro de gravedad, especialmente en nuestro país. Del esquema Estudio-Investigación-desarrollo-producción se ha pasado al de Curiosidad-Compra-Aprendizaje. De las variadísimas conversaciones técnicas indispensables para poner en marcha la estación autoconstruida se fue transitando hacia una conversación libre de ese condicionante y que se dispersa, naturalmente, por los distintos centros de interés de los participantes.

   Si esta hipótesis es cierta se abren interesantes perspectivas, pero un ingrediente indispensable para poder encarar estos cambios es el autorrespeto. Si se parte del supuesto que todo lo que se hace y deshace en el mundo desarrollado es lo "correcto", "lo inteligente" o "lo mejor", es probable que se finalice haciendo todas aquellas cosas que le son útiles a ese mundo en el mejor de los casos, y en el peor, cargando con todos sus defectos (que no son pocos).

   Así como no existe una cultura universal, sino como suma de los patrimonios culturales de distintas porciones de la humanidad, tampoco podrá existir una "radioafición universal". Cada cultura presenta necesidades y capacidades a veces tan disímiles como lo puede ser una astronave de una carreta tirada por bueyes (y ambas cosas coexisten en el siglo XX), lo que le es útil a una puede serle inútil a la otra y viceversa. Por el contrario, la expresión genuina de las propias particularidades y matices es una fuente que contribuye a enriquecer al concepto de cultura universal definido como "suma y síntesis".

   Plantear a la radioafición desde nuestra propia perspectiva es la mejor colaboración que podemos hacer a nuestros colegas del mundo "pintando nuestra aldea". Nuestras necesidades, y capacidades, nuestros defectos y nuestras virtudes, son "lo que somos" y la base de lo que "podemos llegar a ser", desde allí, es posible integrarse dignamente al resto mundo y confiar en que seguramente, de ese modo, contribuiremos a mejorarlo.

ALTERNATIVAS VIABLES

   De una definición ya establecida (Servicio de comunicación, instrucción y aprendizaje), pueden derivarse opciones válidas, ampliando el concepto involucrado para hacer caber en el una noción más amplia del significado asignado a estas palabras clave.

   Instrumentar esta alternativa no implica renunciar a nuestra historia ni a nuestra "filosofía", pero sí expandir la base social que participe de la actividad, dando cabida en ella a todas aquellas personas que manifiesten un genuino interés por la intercomunicación humana en sí.

   Esta expansión no propende a un ingreso irrestricto sino un ingreso fundado sobre bases diferentes, con requisitos de otra naturaleza y que apunten a consolidar aspectos creativos y productivos en ramas diferentes del conocimiento a las estrictamente referidas a la técnica electrónica o de comunicaciones, a la vez que consolidar un esquema de relaciones humanas solidario que profundice el espíritu fraternal que desde siempre caracterizó a la radio.

   Desde un punto de vista más general, la complejidad, sensibilidad y problemática actual estaría exigiendo opciones integradoras no tan solo de la personalidad, sino del quehacer cultural y científico. La noción del hombre de ciencia o el tecnólogo aislado en su laboratorio ha demostrado no solamente su ineficacia, sino también su peligrosidad, del mismo modo que el divorcio entre el arte y la ciencia termina por deshumanizar los objetos.

   Los griegos, conocedores de muchas sutilezas humanas reclamaban de sus jóvenes el estudio de la música como medio para suavizar su entrenamiento en las artes de la guerra, concientes de la necesidad de armonizar y equilibrar la balanza. Si la sociedad precisa de hombres capaces de otorgar una perspectiva integral a su quehacer, la radioafición, como extensión no se excluye de estas consideraciones por idénticas razones. Esta integración de los diferentes niveles de la conciencia, el saber y la acción, solo es posible mediante la efectiva interacción y auténtica comunicación entre hombres que, al proyectarse a partir de las disciplinas y artes más diversos, expresan sus diferentes perspectivas e influyen en el equilibrio moral e intelectual indispensable para la comprensión y simpatía.

   El enriquecimiento mutuo que puede derivarse incorporando individuos provenientes de los más diversos campos de las ciencias, las artes, la filosofía y el trabajo, es un bien tan valioso y útil que no resulta conveniente despreciarlo por consideraciones menores (ver nota 2).

   A pesar de ello, una distorsionada valoración personal puede producir en muchas personas la sensación de que las aptitudes que ellas ya poseen son imprescindibles para la aceptación de los nuevos postulantes. Esa misma sobreestimación de la "virtud" propia, oscurece la capacidad para advertir las propias falencias y así la cuestión se proyecta hacia el "qué deben poseer ellos" en vez de "qué es lo que nos está faltando a nosotros".

   Se presenta consecuentemente la necesidad de revisar cuáles de las actuales limitaciones se convierten en ineficaces y obsoletas cargas de las que hay que desprenderse gradualmente. La misma tecnología se encarga de convertir en absurdas, concepciones hasta hace poco tiempo aplicables. La misma prohibición de "ceder el micrófono a personas no autorizadas", deja de tener sentido cuando se reproduce en packet radio un texto escrito por un individuo ajeno al medio; es más, una derivación consecuente de esta regulación le cerrará las puertas para siempre al acceso a las redes de datos universitarias y científicas de todo el mundo con lo que la variedad del conocimiento obtenible de ellas naufragará  en la tormenta de ese vasto océano de la mediocridad intelectual.

   Las limitaciones respecto de los temas de conversación son un obstáculo cultural mayúsculo pues dejan fuera de lugar temas trascendentes tanto del pasado como del presente y el futuro. Un ingenuo (aunque más probablemente "interesado") concepto hace suponer que la discordia puede resultar de la conversación acerca de esos tópicos. Cualquiera puede verificar a diario que tal discordia se produce igualmente por asuntos absolutamente pueriles, (y de todas maneras nunca el fin justifica los medios). Legítimas respuestas han de ser dadas para justificar costumbres de utilidad social o cultural discutible. (Resulta sorprendente la aceptación conque se asume la supresión de estructuras de la personalidad tan profundas como la propia religiosidad, sin cuestionamiento. ¡Curiosa naturaleza aquella que prohíbe a los hombres hablar por radio del mismísimo Creador del éter...!)  

   De este modo, la radioafición no puede concebirse hoy en términos que podían ser adecuados para la década del sesenta porque la revolución telemática ya ha comenzado en todo el mundo y hoy cualquier persona situada en un país desarrollado puede, sentado en su automóvil, establecer una teleconferencia con otro/s mediante un teléfono celular un módem y una computadora "laptop". El desafío actual consiste en incorporarse a la evolución universal con propuestas útiles a la sociedad, recordando que del mismo modo que se perdieron para siempre 20 MHz de la banda de 70 cm, mañana se pueden perder los 20 restantes de las bandas más populares de VHF y UHF ante la presión de un mundo que no puede, quiere, ni debe, otorgar privilegios a cambio de "nada"...

   Actualmente en las bandas de aficionado y en la República Argentina, pueden encontrarse básicamente dos tipos de "personalidad": Aquellos cuyo principal y más auténtico entusiasmo es cultivar su curiosidad técnica en las materias propias de las telecomunicaciones, es decir el radioaficionado "químicamente puro" y aquellos cuya principal actividad radica en conversar y establecer lazos fraternales. El común denominador para ambos, es un mecanismo de ingreso y selección basado en algunos conocimientos técnicos. Con ese mecanismo se produce el proceso eliminatorio dirigido a los miembros del último grupo citado, pero hay perseverantes que lo lograrán de todas maneras. Una vez alcanzado "la distintiva", simplemente dedicarán su tiempo de radio a lo que más les gusta: cultivar sus charlas amistosas. Podría decirse que "han pagado su derecho de piso" pero sin que ello signifique ningún aporte a la definición tradicional de "Radioaficionado".

   Entre estos grupos "tipo", suele haber una diferencia de temperamento básica. Haciendo un burdo parangón se diría que a los primeros les gusta el "taller" y a los últimos "la mesa del café" y, sin embargo se ven obligados a convivir pues ambos aprobaron los exámenes. Los unos desearían encontrar en las bandas interlocutores con su carácter curioso e investigador. Los otros, gente interesante para su entretenimiento amistoso. Las condiciones actuales simplemente no les provee a ninguno de ellos la satisfacción esperada, veamos porqué.

   Habitualmente las personas con inclinaciones técnicas se interesan por otros aspectos de la misma, además de la radio. Es bastante común que un radioaficionado de "pura sangre" guste también de alguna actividad como la fotografía, la computación, la mecánica, la curiosidad científica, etc. y por lo tanto se sienta identificado con quienes practican estas disciplinas, pero NO LOS ENCONTRARAN EN LA RADIO, ellos no disponen del estímulo para incorporarse a un medio exclusivamente radial. Por este simple detalle el amante de la ciencia y la técnica queda aislados de sus iguales.

   Algo semejante le sucede a la especie de los "charladores"; lograron ingresar al medio por su propia perseverancia, pero no consiguen atraer a otros que simplemente "le dan la espalda al filtro" y rumbean para sitios menos excluyentes. Así un escritor, un médico o un artista, no lograrán convencer a un alma gemela de que rinda “ese examen". No tendrá más remedio que conformarse y hasta aburrirse con las conversaciones abtrusas del "otro bando" o reducir su ámbito de interés a aquel que coincida con sus eventuales interlocutores.

   El resultado es evidente: ambos grupos se encuentran limitados e incapaces de lograr atraer a sus iguales, como el primero suele ser más conservador en cuanto a los requisitos "indispensables", paga el precio de la soledad sin el beneficio consecuente pues se les "infiltran" lenta, pero seguramente gente con otras costumbres.

Promoviendo un acceso más abierto la situación sería diferente:

   El hombre de espíritu técnico o científico, podrá invitar a participar de la comunicación radial a todos aquellos que comparten ese espíritu, ofreciéndole el incentivo de que en ese medio encontrará personas que también cultivan sus inclinaciones y que siempre podrán tener al alcance de la mano, aunque se hallen a cientos de kilómetros.

   Del mismo modo los amantes de otros aspectos de la cultura podrán invitar a miembros de su propia especie; así el amante de la literatura podrá ofrecer a otros un espacio para conversar sobre ella, de la misma manera que el amante de las artes, las ciencias u otros oficios.

   El enriquecimiento mutuo que es posible alcanzar es un desafío muy interesante. Quien ama las actividades tecnológicas siempre dispondrá en el medio de personas que puedan auxiliar sus iniciativas. Si gusta de construir u operar satélites, podrá encontrar en las bandas físicos, químicos, astrónomos, ingenieros, etc. con los cuales encarar proyectos serios asistidos por individuos con idoneidad en sus respectivos campos. Podrán aprender de ellos técnicas necesarias para la consecución de sus propios proyectos, y viceversa. Si tiene que desarrollar un circuito impreso podrá obtener el asesoramiento y ayuda de alguien que le guste el laboratorio fotográfico. Si tiene que construir una antena, podrá acudir al conocimiento de alguien entrenado o capacitado para efectuar trabajos metalúrgicos, y así hasta el infinito en unas sinergia radial nada despreciable.

   Pero, ¡que útil sería para los amantes de la amistad poder departir con hombres conocedores de los más diversos ámbitos de la cultura!, poder curullar la conversación entre dos o tres músicos, un par de navegantes de los mares, otro par de poetas o cinco amigos de la naturaleza.

   El proceso actual de incorporación de nuevas personas a la actividad se basa fundamentalmente en la espontaneidad surgida de la curiosidad de aquellos que circunstancialmente tienen la oportunidad de acercarse a la misma, el resultado es que el flujo de personas interesadas no tiene una línea decidida e inteligente, sino CASUAL. Si por el contrario, se encara un proceso de estímulo e incentivación dirigido, es posible seleccionar naturalmente a aquellos individuos capaces de aportar elementos positivos al proceso. La tarea de fomento de la radioafición que corresponde a los radioclubes dejaría de ser un enunciado estatutario para convertirse en una actitud militante encaminada a promover la actividad en las escuelas, universidades, centros culturales; en síntesis, en todos aquellos lugares que concentran el potencial creativo de la sociedad Argentina.

   También estamos pensando en las ventajas que daría la intercomunicación fecunda entre hombres que han nacido en un extensa Nación que para edificarse precisa tanto de radiotécnicos como de albañiles; de artistas y pensadores como de torneros y matriceros; de expertos en informática como de poetas. Resultaría un gran estímulo para la inteligencia y la sensibilidad poder reunirlos allí, en una ruedita nocturna, para que se conozcan, para que se empapen los unos de los otros, para que juntos puedan crear un universo, sin muros que nos conviertan en extraños de nosotros mismos. Y así, si logramos ver más allá de nuestra propia sombra habremos rendido el verdadero homenaje que merecen esas tradiciones amadas. Entonces, y solo entonces, los filamentos volverán a brillar dando su calor al corazón y hasta puede que nuestros mayores, si es que existe ese gran QSO celeste, derramen una lágrima de emoción al ver que hemos sabido honrar sus mejores sueños...

Buenos Aires 9 de Julio de 1.993

   Deseo agradecer a Ronnie Tiercín (LU 1AT) las horas dedicadas a la lectura, observaciones y consejos que me han sido muy útiles para este escrito. Del mismo modo a Lucy (mi esposa, LU 7DPH) por idénticas razones y por su continua confianza en mis opiniones.


Nota 1

Los legisladores suelen referirse al denominado "principio de realidad", por el cual se comprende que la ley es un instrumento para enmarcar y armonizar los hechos reales, sin pretender torcerlos o modificarlos sustancialmente cuando representan hondos intereses sociales.

Que alguien clame por el empleo de los mecanismos represivos resulta comprensible, aunque ingenuo. Desde que el mundo es mundo, los hombres violan leyes (el Antiguo Testamento es bastante elocuente al respecto), todos los métodos ya han sido probados por nuestros antepasados, la tortura, la horca, las mazmorras, las hogueras, en fin, todo lo que una imaginación encolerizada pueda llegar a fantasear, pero la respuesta ya la percibieron muchos sabios de la antigüedad, antes que Ud. o yo, transita otros caminos: si alguien roba pan antes que castigarlo es necesario procurarle mecanismos sanos para obtener su alimento...

Nota 2

Tampoco la necesidad de dar respuesta a los jóvenes está ausente en estas reflexiones. (Existe cierta contradicción entre la "queja" amarga de una generación que llega a "temer" a sus propios hijos pero que es incapaz de brindarles legítimos ámbitos para la expresión de fuerzas y potencialidades latentes; tampoco puede negarse cierta culpa en una sociedad que se lamenta de los jóvenes que pierden su tiempo en una sala de videojuegos y, simultáneamente, les obstruyen las vías de acceso a los sitios supuestamente más adecuados para su salud moral e intelectual).

Decía que para lo jóvenes podría llegar a ser un lugar repleto de serios incentivos tanto para su creatividad como para la adquisición de hábitos sociales imprescindibles para el desarrollo y crecimiento de nuestra Patria. Recuerde el lector radioaficionado la emoción y entusiasmo que impregnó sus primeros años en la actividad. Cuántas comidas se enfriaron en su plato por una charla o un experimento que absorbieron su atención entre los rezongos de la "segunda operadora" o la "superprimerísima" en esos dos o tres años que puede llegar a durar la "luna de miel radiofónica". Dos o tres años donde ese joven estará alejado de las cosas a las que Ud. tanto teme. Dos o tres años donde se socializará rodeado de personas de todas las edades. Otros jóvenes con quienes compartir su energía hasta otros "viejos" que gustosamente le traspasarán esa sabiduría que solo otorgan los años. Ese muchacho dejará de estar atado a "ese walkman" para estar atado a "ESTE PARLANTE", que le hablará de otras cosas...

El contrapeso

"La incorporación de gentes con intereses diversos produciría un cambio en las costumbres tradicionales que desnaturalizarían la "esencia" de nuestra actividad".

Cierto, en parte, pero con la objeción de que tal desnaturalización ya se ha producido de hecho en los últimos diez años pues nuestros hábitos han sido drásticamente cambiados por la incorporación de nuevas tecnologías que permitieron el acceso a personas con poco o ningún interés por las cuestiones tradicionalmente "respetadas", aunque en cambio adoptaron las áreas que podríamos denominar lúdicas sin reservas (concursos, interés por el DX's, etc.). El interés técnico formal decayó independientemente o mantuvo los niveles determinados por la población original.

“La incorporación de gentes no interesadas en las prácticas tradicionales conduciría a una pérdida de la ética del radioaficionado"

Falso. La ética no es privativa de un grupo en particular sino que pertenece a la Sociedad. Valores tales como la solidaridad, el auxilio, el respeto a la convivencia, etc. no pueden ser consideradas atributos propios de tal o cual actividad pues son patrimonios culturales de la comunidad. Un examen técnico riguroso no garantiza el bien deseado mientras que, por el contrario, las trabas establecidas propendieron a prácticas corruptas que todos conocen.

"Aficionados que no posean conocimientos técnicos perturbarían las comunicaciones en general"

Depende de la naturaleza de los equipos empleados. La operación de un equipo radioeléctrico actual de HF no es más compleja que la de un computador personal o un aparato hogareño elaborado, y es accesible al conocimiento habitual de un ciudadano medio que opera cotidianamente instrumentos relativamente complejos (conducción de vehículos, embarcaciones, equipos de comunicaciones privados, etc.) El conocimiento de las frecuencias y modos a emplear, así como las prácticas en el uso se adquieren muy rápidamente siendo por demás extremadamente simples. Un limitado período de práctica operativa bajo la responsabilidad de un aficionado o club "apadrinante" es suficiente para los fines esperados. En el caso más restrictivo puede autorizarse durante un corto período la operación exclusiva en VHF y UHF.

"El otorgamiento de licencias a personas sin entrenamiento es peligroso para la seguridad del espectro"

Falso. Casi todas las frecuencias contiguas a las asignadas a nuestro servicio son accesibles a cualquier persona mediante un simple trámite y el pago de un arancel.

"El otorgamiento de licencias masivamente podrían llevar a nuestras bandas a un abusivo uso privado y/o comercial"

Falso. El uso ilegítimo de las frecuencias radiales es una situación de hecho motivada en parte por la falta de telefonía estándar y por una necesidad sin resolver por los canales normales. Es de esperar que ningún ciudadano razonable prefiera padecer las interferencias que seguramente intentar n castigarlo por su abuso antes que optar por un canal adecuado a su propósito, lo que lleva nuevamente a postular soluciones integrales.

"El carácter gratuito de las licencias atraería a quienes no desean pagar aranceles"

Relativamente cierto. Pero la conducta pública muestra hábitos diferentes. Existe una preferencia por los lugares privados si ellos representan un mayor nivel de seguridad, confiabilidad o confort a pesar de su arancelamiento (playas de estacionamiento, uso de las autopistas urbanas, líneas telefónicas no compartidas, clubes, etc.)

He tratado de establecer sucintamente algunas de las objeciones más importantes que pueden proponerse. No pretende ser una descripción exhaustiva pero si representa aproximadamente las áreas más mencionadas por las personas a quienes consulté‚ como muestra.


Nota sobre Zyklon B: Recientes investigaciones históricas indicarían que las "cámaras de gas", servían al propósito de desparasitar ropa y mantas en los campos de prisioneros con objeto de combatir el tifus. El mencionado gas habría sido empleado en grandes cantidades con esa finalidad. (Julio 2.005).


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