COMPRAR TECNOLOGIA ¿UN DILEMA?

Por Miguel R. Ghezzi (LU 6ETJ)
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SOLVEGJ Comunicaciones
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El artículo se publicó varios años atrás en el periódico "Actualizándonos", dedicado a la radiodifusión de broadcasting. Al releerlo me pareció que, quitando algunos párrafos específicos, tenía alguna vigencia en nuestro medio, y aquí está...


Hace no muchos años, hacía falta ser técnico o ingeniero para diseñar o construir un aparato electrónico. Hoy casi hay que serlo para comprarlo...

El espectacular desarrollo tecnológico de los últimos tiempos no solamente aumenta en complejidad, también se multiplica, bifurca y retuerce en mil caminos nuevos.

En su libro «Hombres y Engranajes», don Ernesto Sábato señala la fractura entre el inmenso y moderno océano hipertecnológico, y los simples y corrientes hombres que deben navegar sus turbulentas aguas. Trazando los límites con exquisita percepción humanista, escribe:

«...mientras la máquina está a nuestro servicio, mientras está a nuestra escala y podemos revisar sus entrañas, montar y desmontar sus piezas, conocer sus secretos y participar de sus angustias y fallas, mientras podemos ayudarla a vivir, a trabajar de nuevo como un fiel criado de la casa, a ahorrarle calentamientos y fricciones, mientras podemos evitar sus sufrimientos de monstruo desvalido por sí mismo, mientras nos sentimos padre y madre de ella, hermano de sangre y hueso, hermano mayor, más comprensivo y más capaz, mientras todo eso sucede, la máquina no es jamás nuestro enemigo sino nuestra prolongación querida y a veces admirada, como son admiradas las hazañas de nuestros hijos o hermanos menores.»

A diario nos enredamos con máquinas y artefactos, que muy lejos están de ese «monstruo desvalido por sí mismo». Máquinas que en diabólico, mas no explícito contrato, nos sirven «humildemente»; pero con la condición de que seamos esclavos de sus vanidades y pretensiones desmedidas. «Nos hacen más promesas que a un altar y de tan mansos que somos nos dejamos agarrar...» (*)

Como si no fuera suficiente desdicha poseer instrumentos que casi no comprendemos, la impenitente soberbia del tecnócrata nos atormenta cotidianamente con palabras abstractas que comprendemos aún menos. Palabras que muchas veces no tienen otro significado que el de satisfacer a su desproporcionado y narcisista ego o a sus mezquinas ambiciones dinerarias.

Dice Don Ernesto: «No debe sorprendernos que el capitalismo esté vinculado a la abstracción, porque no nace de la industria, sino del comercio. No del artesano que es rutinario y estático, sino del mercader aventurero, que es imaginativo y dinámico...»

Un porteñísimo y siniestro mote: "La gilada", se acuñó para designar a todos aquellos que no están "iniciados" en tal o cual menester; por eso nos envuelven en sus metalenguajes angloides, bobos y de medio pelo: Cualquier cuartucho de mala muerte forrado con una alfombra barata, se convierte en "Show room" y una vulgar caja de cartón, en "El packaging". Pero en este mundo de doble mano, hasta el mismísimo tecno-mercachifle termina perteneciendo a esta categoría "sociológica" (gilada). Es, en todo caso, una cuestión de tiempo y lugar...

Desde su reluciente pedestal de petróleo (o sus derivados), el bribón nos confunde a todos con melosas y audaces sugerencias, cuando no nos atemoriza con vagos e inciertos peligros provenientes de quién sabe dónde. Un día puede vestir los ropajes de político, otro de militar, mañana de médico o ingeniero desarmista. No importa, casi siempre es "Dotor"...

Tal vez sean los aires de esta buena tierra que inducen a la ingenuidad e inocencia (bien disimulada, por cierto), pero la verdad es que saben aprovechar muy bien nuestra inveterada e histórica costumbre de canjear Oro por baratijas. Cuentan para ello con un poderoso aliado: La publicidad, o mejor dicho LA PROPAGANDA, porque hace tiempo que supieron subvertir el término. Mediante ella apuntan la mira a nuestras emociones, a nuestros deseos, a nuestros sueños y jamás les tiembla el pulso a la hora de apretar el gatillo.

Casi nunca se dirigen a nuestra inteligencia porque dan por sentado que no la tenemos o, en el mejor de los casos, porque su séptimo sentido les advierte que por ese lado "no va a andar" y probablemente terminemos rumbeando hacia aguas menos peligrosas.

¿Cuándo fue la última vez que vio un aviso de automóviles que explique porqué es mejor?, ¿de televisores?, ¿de videocaseteras?, ¡si hasta los botines ahora son "Turbo"...!

Queda un camino: Descubrirles el juego, aunque más no sea a medias y para divertirse un rato. Evidentemente, ni Ud. ni yo ingresaremos a la Universidad para estudiar medicina, electrónica o economía con este fin, pero podemos defendernos bastante bien aprendiendo un poquito de sus mañas y recurriendo a ciertos trucos del oficio.

Por ejemplo: El mío consiste en fabricar chucherías electrónicas y chirimbolos digitales. En estas áreas tal vez pueda dar algunos consejos pues conozco unas cuantas trampas del gremio, pero indudablemente para la economía, la medicina y otras yerbas, es imprescindible alguien más versado, aunque, en el fondo, todos sospechamos que debajo de los garabatos del médico bien puede esconderse una aspirina o un "Pipistrilo Dodecafónico Salicílico", que termina por no ser otra cosa que, ¡UNA ASPIRINA...!

* Juego de palabras entre dos estrofas del Martín Fierro.

Los Mitos

Casi todos creemos que, aunque no podamos hacer lo que se nos antoja, al menos podemos pensarlo, y eso, francamente, está muy lejos de ser cierto, porque no podemos pensar lo que “queremos”, sino tan solo “lo que podemos”.

Es una verdad de perogrullo, si se quiere, pero pasada por alto tan a menudo, que bien vale la pena recordarla. Nuestra mente es un ancla extraña: Nos mantiene firmes en el lecho cultural, mientras nos provee de una cómoda ilusión de libertad. Tan así, que contados hombres en la historia han sido capaces de “levar anclas” y descubrir nuevas aguas.

Borneamos tanto como la longitud de la cadena lo permite, pero confundimos muy fácilmente los horizontes que nuestra cautiva perspectiva nos presenta con mares exóticos, y hasta propios...

Entre otras, nos atan todas aquellas cosas que damos por verdaderas sin juicio crítico. Así creímos que la tierra era plana, que los objetos pesados caían más rápidamente que los livianos, que el tiempo era constante, que la distancia más corta entre dos puntos era la recta, etc.

El Manolito de Quino nos representa a todos de algún modo: Confiamos en que "el orden de los factores no altera el producto" porque es, “Vox populi”.

Un buen día llegamos a creer que un equipo de radio "importante" debe tener sonido de alta fidelidad, gran alcance, cámara de reverberación, antena direccional, DSP en FI, tecnología y muchas otras macanas. Si afirmara algo semejante del Quijote, Martín Fierro o las rimas de Becquer se diría que estoy loco ¡y con toda razón!. ¡Como si la inspiración de Cervantes dependiera de la encuadernación de su obra!.

La tecnología, la voz “engolada”, el alcance, son apenas un auxiliar, un vehículo, un medio. El más saludable, atlético y bello de los cuerpos puede albergar a un asesino; el más contrahecho, a un sabio.

Mito, fantasía o negocio. ¿quién lo sabe?. La vida se parece una partida de truco: No alcanza con tener buenas cartas, ¡también hay que saber mentir!. Y, en todo caso, parece que lo malo es entrar al partido sin estar avisado...

De tanto escuchar las mismas zonceras, empezamos por creerlas, continuamos por idolatrarlas, para terminar por obedecerlas más que a las tablas que Moisés bajó del Sinaí...

Si le dijera que el aparato más importante que precisa en su estación no lo va a encontrar en los folletos de una empresa, ni en el diario, ni en la: Ham Opio. Que lo tiene en su poder desde hace años, que no saldrá un nuevo modelo superando al anterior y además no podrá comprar otro mejor. ¿Me creería?. Y sin embargo, así es... ¡Ese aparato es Usted mismo! (disculpe lo de “aparato”, no quise ser peyorativo).

Porque si usa su imaginación, su creatividad, su capacidad para encontrar buenas personas, estudia mucho esta cuestión de la radio y ama a la gente, con seguridad va a ganar el mil por ciento.

Siempre será más fácil pensar que una antena llena de rulitos, un milagroso procesador conectado a un no menos milagroso "display" podrá convertir nuevamente al sapo en príncipe, pero eso son cuentos de Hadas...

No, en verdad no; siempre que podamos desembarazarnos de los mil prejuicios que pululan por ahí . Se lo digo más claro: Muchos amigos no me creen cuando les digo la verdad, me creen cuando les miento. ¡Es más verosímil la mentira y así están las cosas...!

Si afirmo que duplicando la potencia del  equipo no se va a enterar más que la cuenta corriente, no se cree...

Si afirmo que más vale experimentar dos o tres antenas sencillas antes que gastar cientos de dólares en una ACME "Solid State", no se cree...

Si afirmo que ese cable de tres pesos es adecuado al propósito y que poco o nada se gana con el de treinta, no se cree...

Por el contrario, si aliento a comprar un coaxil de 7/8’s, o a instalar una antena importada Pirulez 2500Z-3, o a colocar 8400 aisladores en las riendas, todo eso sentado detrás de un escritorio, vestido de saco y corbata, atrincherado en el sillón grande con mi Master de la “American Engineers Dissasemblers League” colgado detrás, la cosa cambia como por arte de magia. Algo parecido a lo que le sucedía a un lejano pariente cuando informaba su descubrimiento del asteroide B-612 en los congresos internacionales...

Por eso advierto: De nada servirán algunos consejitos técnicos que pueda vertir si no se deposita alguna confianza en ellos. Podría documentarlos con más números y ecuaciones aún, pero entonces probablemente solo los entenderían quienes no los precisan.

Podría redactarlos con “seriedad”, pero entonces no sería serio...

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